CANTO A MI PUEBLO
Para cantarle a mi pueblo
al que quiero y tanto admiro
no me hace falta la métrica,
ni la rima, ni otro giro.
Me inspira sólo su nombre
y quizá el haber nacido,
en esa tierra bendita
este ese girón de patria
del Durango conocido.
Describirlo es imposible
la lengua no alcanzaría
a expresar mis sentimientos
a expresar mis alegrías,
a convertir pensamientos
y tristes melancolías
cuando a los lejos recuerdo
gratos y felices días.
Cuanta nostalgia yo siento
cuando hago recuerdos tuyos
mi San Juan de Guadalupe,
la cuna de mis arrullos
el solar de nuestros padres,
Real de minas prodigioso
eres canción en mi ensueño,
pueblo fuerte y generoso.
Llegar a estación Symón
en un verano soleado,
al que no sabe, le impacta
la aridez del amplio llano.
Los espejismos que miras
cuando el sol reverberando
hacen que aparezcan lagos
de azules aguas cantando.
Tu Aguanaval caudaloso,
eslabón de tres estados,
rico en limos fecundantes
que en las tierras va dejando,
le canta himnos al progreso
cuando lleno va bramando,
desparramando sus bienes
y a las plantas cultivando.
Al Cerro Prieto le llevo
como un perenne recuerdo…
en atardeceres grises
con nubarrones muy negros,
cuando desde la terraza
de la escuela de mi pueblo,
lo contemplaba impasible,
como desafiando el tiempo.
Tu templo guadalupano,
me mampostería compacta,
cobija todas las tardes
al sonar de las campanas,
a los creyentes que acuden
al llamado religioso,
para lavar sus conciencias
con el párroco piadoso.
El Pichagua es una mole
que custodia a la Escalera,
vecino del Agua Nueva,
filón de piedra en la estepa.
geológicamente hablando
no hay algo que se parezca,
en esta tierra que es mía…
sólo el Teyra de Zacatecas.
De la entrada de la tierra
de mi pueblo tan querido,
plata a raudales sacaron
los que ahora son gambusinos,.
sólo quedaron recuerdos,
vestigios de lo divino,
del quehacer de aquellos hombres
que vencieron al destino.
En tu fiesta patronal,
el día 12 de Diciembre,
los novenarios, las misas,
las procesiones, las campanas,
alborotan con sus risas,
que alegran los corazones,
que espiritualmente alientan
a la moza en sus pasiones.
Santo Niño, la Barranca,
Los Esquiveles, Barrones,
son apéndices benditos
del San Juan de mis recuerdos,
de esa tierra que no olvido
aunque me encuentre muy lejos,
porque quedó en mi conciencia,
desde niño así lo creo.
El sol reverbera a plomo,
en ese desierto mío,
desde el cactus y el huizache
viven con orgullo y brío,
cual dignos representantes
del modesto campesino,
que al creador claman la lluvia
porque no ha crecido el río.
Barrio de Mérida, el Hule
y la entrada principal,
que es la Avenida Marfil,
la calle Bronce, San Pedro,
ahí donde yo nací.
qué alegría verte de nuevo,
que emoción estar aquí,
que soñar en otros tiempos,
cuando yo fui tan feliz…
hoy sólo son añoranzas
son sueños desfallecidos…
son tristezas muy recónditas,
mi viejo San Juan querido.
aquí te dejo mi vida.
No tengo más...No te olvido.
AUTOR: PROFR. RAYMUNDO ENRIQUEZ SALAS