LA QUERENCIA
La querencia sin duda es el lugar
donde quisiste vivir y no pudiste,
es el puerto desde el cual partiste
llevándote la vida a navegar.
El patio donde te gustó jugar
con las primas de pasos de hada,
caminando a ciegas la calle empedrada.
Por eso sabe al paraíso perdido
cuando soñabas religiosamente dormido
y el sobresalto de la primera campanada.
La querencia es la escuela y el bagaje
donde conociste el himno y la bandera,
es la tarde del tren en primavera
con dos mudas de ropa y un pasaje;
es tener veinte pesos y el coraje
para irte a otra sombra bienhechora.
La tardeada y el portal que se añora,
salpicado de música con el permiso
de enseñarte a bailar sin más compromiso
de no pisar a la primera instructora.
Es la casa de las señoritas solas,
del piano taciturno de fuelle,
los charcos del verano y el muelle
de espigas de maíz haciendo olas
al reluciente sonido de victrolas,
tocando recuerdos regados como piedras,
entre moras, higueras y las hiedras
trepando adobes y palmeras solitarias,
alcanzando suspiros que son como plegarias
para que nunca tu querencia pierdas.
Por eso tu querencia es monte y llanos,
el primer beso y el juego de encantados,
la gallina ciega con los ojos vendados,
adivinando la casa de tus padres, tus hermanos,
de tus ojos, de tu alma, de tus manos.
Brindando el sobro del café de la mañana
a tus muertos, a tus vivos. Es ventana
para verte de nuevo siendo un niño
y que vivas decidido y con cariño
evocando la tierra que te llama.
El día que puedas, la casa visitar,
recolecta un poco de la tierra,
del jardín de los tuyos, de la sierra
y en una maceta procura cultivar
una planta que no dejes secar;
tendrás de tu pueblo un poquito,
donde vivas ahora, como un rito;
crecerá tanto como la nostalgia,
pero tendrás al fin la magia
del suelo de cuando eras pequeñito.
AUTOR: MTRO. LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME