A LOS QUE TUVIMOS QUE IRNOS DE SAN JUAN
No pudimos en la despedida
llevar un poco de la tierra
de los antiguos sueños mineros.
Una tierra que bajo otro cielo,
en un zaguán extraño
hubiera hecho florecer
una planta tan grande
como la nostalgia,
por el desierto alegre
de nuestros años jóvenes.
No alcanzamos siquiera
a tomar un trozo de la arena
de la pared de nuestra casa,
para atraparla en un reloj
donde se fueran consumiendo
los años anteriores al regreso.
Desde el tejado rojo de otra casa,
de otras gentes y de muchos otros pueblos,
comiéndonos el más forzado
de todos los exilios
buscando una vida que no
podíamos encontrar allá en San Juan.
Cavando a tientas en los sueños
el aire seco de las tardes de cuaresma,
donde estábamos destinados a vivir,
a terminar después de nuestros padres.
Habremos de sacar de los recuerdos
el polvo eterno de los viejos caminos
con el nuevo tiempo de higueras y de moras,
dándole vueltas a la piedra del destino;
sembrando las raíces que se prendan
en el peñón azul de nuestro suelo.
Volvamos a San Juan antes de muertos
busquemos en San Juan las navidades
en tardes de sotol y de violines;
hagamos que florezcan los saludos,
saquemos del desván abrazos nuevos.
Limpiemos un poco el polvo del olvido
con la lluvia de hijos en sus plazas,
brindando por San Juan de Guadalupe
que nos llama y para siempre nos reúne.
AUTOR: MTRO. LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME