LA FUENTE
En la plaza de mi pueblo
hay una fuente
que desde hace trece años
no tiene peces ni agua.
A veces ocasionalmente
la de lluvia equivocada
de cuatro días entre las grietas.
La fuente sirve de asiento
a las muchachas del domingo
y se entera de secretos
casi siempre inconvenientes.
El empedrado sabe de la vida
del maestro, la cantera gris
de la enfermera y la tubería oxidada
sabe de la vida del cura.
Lo que no sabe la fuente
es que en trece años
habrá un gran edificio,
el pueblo tendrá otro nombre y
el maestro, la enfermera y el cura,
serán ejecutivos del progreso,
demoledores de casas, percusores del agua,
expertos en desamores y
enterradores de fuentes.
TU NOMBRE
Tengo una inmensa sed
de las palabras que te nombran.
El polvo de mi corazón
se hace triste por no saber de
los naranjos de tus
pasos de sombra.
De ti que eres
creciente de peces del río
palmera y labor de temporal.
La banca bajo el nogal
te extraña.
El sonido nocturno
de los pinabetes dice tu nombre.
La lluvia dice tu nombre.
La sierra tiene tus caminos
y todos los caminos conducen a tu nombre.
Nuestro patio se llenará de moras
y el tejado está listo a recibirte.
Tengo ganas de cruzar
en la barca de la noche
el puente de tu desierto
y despertar con tu sol
caminando seguro entre las piedras
rumbo a la estrella de tu nombre.