LOS PORTALES
Hay en los portales de la casa
más que el silencio de los adobes en espera,
el redoble de las vigas de madera
y los adioses de los años del sesenta.
Hay pintura de almagre y en el fondo,
un viejo baúl donde se guardan
los discos del fonógrafo que reinaba en la sala.
También existen los libros de alabanzas
y los estantes con cuentas financieras.
Hubo en un tiempo espuelas de caballería
que se perdieron entre tantas visitas.
Las llaves que conjuraban los portones
descansan ahora en paredes de casas ajenas.
Hay también en los portales,
nidos de murciélagos y mariposas nocturnas
que son felices en el abandono eterno
de sortear las telarañas.
En los portales se ve la luna roja
reverberando en las noches de cuaresma,
se ve el amanecer y las lluvias de ocasión,
junto a un patio de flores marchitas
de tres granados de hace una centuria.
Lo que no he visto jamás en los portales,
es el espanto de la dama de blanco
que otorga dinero al que diga las doce verdades.
He visto más bien con las luces apagadas
el espectro de un tren que entre las palmas,
que significaba atravesar el mar de los desiertos
y dejar atrás metida en los portales,
la bendita juventud que al igual que en los portales
bajo su sombra de tierra aún presiento
se nos cae la pintura de los años,
se desmoronan los adobes de la vida
mientras bebemos juntos nuestro tiempo.
San Juan de Guadalupe Dgo. Verano 2007
DEBAJO
DE LOS
CARACOLES
Debajo de los caracoles de tus cabellos…
Afirmo
tras apagar la lucecilla del cuadrante
en la penumbra de este auto
de noche y de melancolía.
Porque estaba la casa
llena de tí y escapé de ella
para no sentirte más.
Furiosamente a ti
me supieron las palabras de una melodía.
Debajo de los caracoles de tus cabellos
como diría
Roberto Carlos y compañía
se han pegado las manos
a la fantasía
que envidia las manos que te tocan
debajo de los caracoles de tus cabellos.