AYER DE TI.
Yo escuchaba tu nombre
en la boca
de todas las infancias
y caminos trazaban
los gises con las
mismas manos de
acariciarte.
Yo te encontraba
en todas las alegrías,
en el amanecer
de cada día.
Las alegrías eran
tus ojos de todos
los días.
La escuela y sus cristales
jugando a la lluvia
y la lluvia de alguna
tarde eras tú.
Hubo también amaneceres
lavados de sol
y los alimentos sabían a ti.
Hubo noches tranquilas
robadas de un cuento
en las que estrellas
dejé por ti escapar.
Quizás no te quería
pero el aire siempre
se llenó con la presencia tuya.
Este pequeño mundo
era un lugar desconocido
hoy eterno, etéreo
porque aquí estuviste tú.
PALABRAS RUSTICAS
Quiero hablarme esta tarde
de ti que te quedaste siempre viva
en el despeñadero azul de nuestra sierra.
Quiero extrañarte ahora
desde las turbinas y las palabras nuevas
que aprendí para nombrarte.
Abrir con esperanza el tiempo nuevo
para permitir que se vaya
la tristeza, como dejé que
se fueran tus pasos
mas allá de la vega del río
y sus abedules.
Anhelo estar en nuestro inmenso
patio de juegos de nuestra historia,
donde eras flor de un agave
que nació ya sin espinas.
También deseo que mi alma
se navegue y se navegue
para no lamentar el no
haberme sembrado
en las tejas de barro
de una vieja casa
que no te tuvo nunca,
ni el renuevo de flores
de hace una centuria.
Aflojar tranquilamente
los músculos del pensamiento
en la esperada tarde de fango,
entre tu risa y las luciérnagas
de nuestras mocedades venideras.
Cuanto diera porque ahora,
me escucharas desde estos otros días
donde conocí los peces y los barcos
de aquel libro que robamos
a un sueño que dejó su huella
para que yo la persiguiera,
haciéndome sentir que te quedaste
y por lo mismo te deseo,
que tus noches sigan siendo
intensamente azules y el
terciopelo de la luna roja
te acaricie tu sombra y tu cabello.
Que lo vientos sean suaves
y el techo de los tuyos resistente.
Que la lluvia en tu huerto
sea infinitamente bondadosa,
que se vaya la arena del odio
por entre tus manos.
Que no te dañe mucho el tiempo,
que tu vida sea plena de felicidad;
que tus ojos no lloren,
que el trigo llene tu mesa
y después del trabajo, duermas en verdad
y que se vayan las estrellas
cuando despiertes con la nueva alegría,
que es fuente única de tu resurrección.
Yo te deseo que te acompañen
mis oraciones por los días que
se murieron, que seas feliz en verdad,
que seas feliz y grande
como la hoguera que alienta
nuestros días y alimenta
nuestro recuerdo.
Que siga dando vueltas
tu imagen y el desierto.
¡Que gire y que gire el molino
de nuestra vida con el combustible
de la ilusión primera
de nuestros jóvenes días!
Armadillo de los Infante S.L.P. 1998