VIAJE
(Estación del ferrocarril, Symon Durango)
A cada instante
llegan caminando los recuerdos
para caer en la agonía
de una tarde que no los esperaba.
Sintiendo el aire de lugares distantes,
de árbol, de cabaña, de piedra
y del perol recién lavado.
Hay una estación de una bombilla,
en lugares perdidos donde nadie pasa.
Ruido de animales que vagan soñolientos,
volando por cabezas y matando sueños
de viajeros fastidiados de verse sin mirarse.
Amarillos rincones de hemisferio,
donde vida transcurre sin paso por ventanas
entre lluvia de fango y música de agua.
Nocturnal silencio de la casa vacía,
entre luz que se aleja salpicando maderas.
Es la barca sin rezón de hora cero,
entre pisos profundos y sabor de nada,
prolongados ecos de sábana perfumada,
de faroles, de calles, de una dama buena,
de escuela, de libros, de piano y poesía;
siguiendo la estela de vapor de lluvia
esperándome tristes en la penumbra estaban.
A LA MUCHACHA Y AL ENCINO.
Ese minuto que escapó
de las manos pendientes de los suyos,
flotando en la hojarasca,
llegó como viento tibio
hasta el encino…
Llegaron sus pasos con la luna
y su respiración
por la enramada,
su ágil talle aprisionado
por la angustia, por el placer,
por la ternura.
Se dejó querer la noche entera
y el minuto allá en su casa
se hizo amor, espera, dolor,
coraje y después basura.
Se hizo el tiempo azul
como la vida,
se hizo amor, espera, dolor,
coraje y después basura,
como la historia que empezamos juntos
aquella noche, de amor, junto al encino.