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DOLOR Y ALEGRIA.

Hubo un tiempo en el

que no quería saber

nada de mi pueblo.

Me sabía al frío seco de diciembre,

a sotol y al inevitable

polvo del olvido.

Me sabía a caminos viejos

a cercados de alambre

y a campanadas tristes

arrojando a la neblina

los días en que fui más pobre.

Mi pueblo era una plazuela

abandonada, una calle de tabernas,

un reloj y un campanario.

Era una religión como salida

para pensar que había cosas más hermosas

mas allá de lo inmediato y terrenal.

No fue sino hasta que

enfermo inevitable del exilio

comencé a buscar la paz

con su llanura y sus portales.

A muchos años de distancia

mi pueblo huele a duraznos,

al abrazo de los abuelos

y al bailable principal

de los tiempos de la escuela.

Sabe a la riqueza franca

de los pocos amigos que me quedan.

Sabe a leyendas arrullando madrugadas,

a la bicicleta amarilla, al guante

beisbolero, a la enciclopedia

del tesoro de la juventud.

Sabe a todo lo que no me di cuenta

en los años que viví casi odiando

una culpa que no era de mi pueblo.

Para mis hijos es un destino extraño

tratando de afianzar sueños y raíces

una vez que la tierra se ha volteado.

Sólo me queda hoy la sensación

de que esta reconciliación

aunque tardía me ha resucitado.

Que indudablemente es más feliz

Cuando uno mismo se perdona,

cuando se bebe la nostalgia añeja,

encendiendo la luz, abriendo las ventanas,

sembrando bugambilias, reconstruyendo la casa

y abrazando fuerte a los suyos.

Mi pueblo es un mar y desierto

donde se navega con remos

de un poco de dolor y un mucho de alegría.

San Luis Potosí S.L.P. Agosto 2008

GRACIAS

Por haberme dado inteligencia

para reponer con creces

las cosas que he perdido.

Por todas la veces que

a un paso de la desesperación

y de la oscuridad se me iluminó la vida

con tu gracia y el valor

de la esperanza y las ideas.

Cuando no cabía ni una pluma más

en la loza del desánimo

y me diste fortaleza y tenacidad

para acometer con empeño la subida.

Ayúdame Señor

a entender que la fuerza que me das

no será nunca inferior

al tamaño de la montaña.

Llena mi vida de generosidad

para compartir con los que quiero,

las bendiciones que me das.

Amen