ADOBES
Un adobe,
sobre otro adobe…
Son dos vidas juntas.
La de aquel que hizo la casa
y la de quien ha de vivir en ella.
Mezcló la paja…
Estuvo bailando sobre la arcilla,
humedeció los moldes
y le enseñó al sol el adobe…
Diez, treinta…cientos de adobes.
Los unió hasta levantar la vista
más allá de los pretiles,
puso canales y pintó paredes.
Luego se fue.
Los nuevos dueños florecieron
las bardas, tuvieron hijos,
aspiraron la lluvia en los adobes.
Un día…se dejaron de querer.
Los adobes se volvieron tierra.
abandonaron el esqueleto de las vigas
y volvieron a ser parte de la calle.
Un adobe,
cayendo de otro adobe.
Son dos vidas separadas.
La de quien hizo la casa
y la de quien la dejó caer
por desamor y olvido.
El Tule, Mpio. De San Juan de Guadalupe Dgo. Septiembre 2008
EL RIO AGUANAVAL
El agua ha lavado
cientos y cientos de piedras redondas.
Ha jugado con los salmones
que no encontrarán el mar.
Ha fecundado los carrizos,
los juncos y los sauces.
El río también
un día se llevó a Miguel
y lo convirtió en palmeras
más allá de las vegas.
Gracias al río creció
nuestro pueblo al igual
que muchos otros pueblos
que se prendieron en sus orillas.
El agua juntó a las muchachas
lavando el maíz, a los
niños renacuajos, a los
areneros, a los maestros
de los adobes y a la
carreta del aguador.
Nuestro río se apaga todos
los años durante meses.
No tiene barcos de ruedas
ni redes secándose al sol.
Nuestro río tiene el espíritu
de su gente, tranquilo e impulsivo,
fecundo y marchito por temporadas.
Luminoso y apagado
según voluntad divina.
Nuestra gente es el río…
El río es la vida pasajera
y la laguna es el lugar
donde los sueños descansan.
Los sueños vuelven todos los años.
Bendito Río Aguanaval…
San Juan de Guadalupe Dgo. Verano 2008.