EL FRANCES DON AMADEO LARRE, EL PRIMER MEDICO ESTABLECIDO EN SAN JUAN.
Tal parece que desde los pasados siglos; por muchos motivos, San Juan de Guadalupe, estuvo predestinado a no contar con un adecuado servicio de atención médica. Un ejemplo es nuestro Centro de Salud donde casi todo falta y los médicos y enfermeras que han pasado por ahí, realizan verdaderas proezas con el poco instrumental y medicamentos con los que cuentan.
No pocos, acompañando a un enfermo, hemos escuchado la frase “Hay que llevarlo a Torreón”… Si ahora sigue siendo lejos, imaginemos cuando no había carretera, que era un calvario de siete u ocho horas para acceder a este servicio.
De manera individual ha habido excelentes médicos en nuestro pueblo, que comenzaron con una tradición de servicio que se continúa hasta nuestros tiempos.
Este relato se remonta hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando el Doctor Francisco Vera se animó a dar consultas en San Juan, pero duró muy poco tiempo ya que enseguida decidió emigrar en búsqueda de mejores aires.
Ya es sabido que en ese tiempo había tres comercios importantes; “La Corta Utilidad” de Don Bernardo Saldaña, “El Ferrocarril” de Don Felipe Rodríguez y “La Gran Duquesa” de Don Francisco Enciso Puga.
El primero se preocupó por brindar educación, creando la primera escuela de letras; el segundo por crear fuentes de empleo y el tercero por la salud de los sanjuanenses; tanto así que se permitieron traer un médico de Zacatecas para que brindara sus servicios en San Juan; pero también duró poco tiempo.
Sin embargo, la fortuna de San Juan se liga involuntariamente con la caída del Imperio de Maximiliano, aquel Archiduque austriaco, fusilado en Querétaro en el Cerro de las Campanas.
En el cuerpo de voluntarios austriacos del emperador había más de 6000 hombres en el año de 1865.
“Había en este grupo aristócratas aventureros como el famoso Conde Karl Von Khevenhuller, más tarde amigo secreto de Don Porfirio Díaz”…”También estaban algunos profesionistas que después de la rendición se quedaron en México y se establecieron como médicos, farmacéuticos, arquitectos o investigadores”.
Precisamente, al no rendir frutos las gestiones de la familia Enciso, con aquel médico traído de Zacatecas; coincidió la llegada de Don Amadeo Larré, de origen francés, que había venido a México con la brigada sanitaria del ejército y aún cuando sus compatriotas se retiraron decidió quedarse , enamorado de nuestro país; luego escuchó sobre la región lagunera donde las lagunas de Viesca y de Mayrán se juntaban en tiempo de lluvias hasta convertirse en un formidable mar interior.
Ya venido a la Laguna, fue fácil saber de la Sierras de Jimulco y de Ramírez, donde las promesas mineras estaban a la orden del día, y así llegó aproximadamente en 1890 a establecerse en San Juan de Guadalupe Dgo. tentado por su afición a los negocios mineros y luego al saber de la carencia del servicio de salud, se quedó en la cabecera municipal brindando con gusto la atenciones médicas, siendo muy apreciado en la población por sus buenos modales, por su disposición a toda hora, sobre todo para atender a enfermos de escasos recursos.
El doctor Amadeo Larré era un hombre culto, instruido y de buena conversación, con excelente sentido del humor decía que había cosas para las que no había cura y aún vaticinó la epidemia de influenza española que tanta gente mató en la Laguna en 1918.
Durante varios años, los enfermos de San Juan de Guadalupe y de los incipientes pueblos mineros como la Escalera y Aguanueva, pasaron por sus manos ya que en su negocio de minería no le iba muy bien; pero como existe una fuerza divina que regresa con creces lo que al prójimo se le aporta; su mina “San Agustín” tuvo una bonanza, cuando se agrandó su veta principal, lo que le permitió mejorar mucho su situación económica y luego vendiéndosela a Don Felipe Rodríguez quien continuó con su explotación.
A Don Amadeo Larré, le caían en gracia las molineras del Río Aguanaval, que en el Barranco Blanco, en las partes bajas de la corriente fregaban el maíz para el nixtamal con los pies, así como también era enemigo del atole blanco, al que despectivamente llamaba “tintura de maíz”.
Este primer doctor, era un hombre bueno, como suelen serlo la mayoría de los médicos, lástima que hasta el día de hoy, esta noble profesión ha sido poco honrada y apoyada por los gobiernos sucesivos, todavía en este siglo XXI no contamos con un laboratorio ni las herramientas esenciales de curación…¿Cuántos años más, nuestro pueblo seguirá careciendo de este elemental servicio?
Nos queda para la reflexión la pregunta anterior y la frase que sentenció nuestro primer médico, el francés Don Amadeo Larré:
“Contra la locura de vivir en el desierto, no hay cura”.
San Juan de Guadalupe Durango. Abril de 2009
MTRO LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME.
FUENTES:
-Konrad Ratz, Maximilano de Habsburgo , Colección “Grandes Protagonistas de la Historia Mexicana”
-Diario de Vida, Profr. Jesús Lechuga Sr. 1893.
-Weckmann Luis, Carlota de Bélgica Correspondencia y Escritos sobre México en los Archivos Europeos México 1989.