RELATOS DE SAN JUAN DE GUADALUPE, DURANGO MTRO. LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME
COVADONGA; LA FRAGILIDAD DE LOS SUEÑOS.
OCASO DE UNA HACIENDA MINERA EN EL MUNICIPIO DE SAN JUAN DE GUADALUPE DGO.
DIARIO DE UNA VISITA REALIZADA EL VIERNES 21 DE AGOSTO DE 2009.
Covadonga es el nombre de una región de España, por lo que no es de extrañar que a ciertos parajes de México, los españoles les bautizaran así en recuerdo de su querencia del otro lado del Océano Atlántico.
Para un caminante es dejar atrás el espejo de agua de la Presa del Tigre, pasar por el predio de la Malatierra, llegar al Bajío y divisar hacia la derecha en la Mesa de las papas; llamada así por la abundancia silvestre en lo alto. Rodearla un poco y dirigirse entonces a las márgenes en un meandro del río Aguanaval, atravesar un bosque de mezquites y granjenos donde otrora fue una vega de cultivos; cruzar los charcos extendidos y suaves del cauce, subir unas cuantas veredas erosionadas y de pronto aparecer frente a un madero de lo que fue una cruz del panteón del poblado- hacienda de Covadonga cercano a la comunidad de Aguanueva.
Hay aproximadamente unas veinte líneas de cimentaciones antiguas, todas reventadas por las raíces de los mezquites; están fabricadas en piedra y lodo, se observan vestigios de gruesos muros defensivos, un arco de entrada a lo que fue el convento, con su claustro y una habitación bien labrada, además de un extremo de celdas rústicas derrumbadas donde abundan los trozos de cerámica y barro; de acuerdo al número de ruinas concluimos que debió ser el hogar de unas ciento cincuenta personas.
El edificio principal de Covadonga, es su iglesia de gruesos muros de adobe terciado, con su entrada principal hacia el sur; la pared del poniente sostenida con contrafuertes y desplantando un atrio de piedra y cal con varios nichos donde se observan las siluetas en negativo de unas cruces que alguna vez estuvieron en los mismos. El atrio tiene dos arcos aún en pie con salidas oriente y poniente, mientras que al lado norte se encontraba el altar y a la derecha un acceso lateral y las ruinas de la sacristía.
En el lado sur oriente se encuentra en pie en un cubo sobresaliente de cal y canto, el campanario, con gruesos muros bien labrados, de aquí se desprende la barda del atrio y sus respectivos nichos, en el piso de la iglesia se camina sobre unos dos metros de escombros y tierra que originalmente pertenecieron al techo de la única nave del templo.
En el lado poniente de la iglesia, caminando junto a la loma que respalda al poblado, se percibe una línea de lo que debió ser un área de varias viviendas, todas ellas demolidas, convertidas en varios montones de piedras con cantos labrados y algunas lajas unidas con trozos de pared.
Pariendo del templo y caminando hacia el noreste, abriéndose paso entre la espesura de los mezquites, se encuentra uno de pronto con una escalera bien labrada que servía para llegar a los bordes de una pila de almacenamiento bien conservada, con su aplanado fino y sus contrafuertes; este depósito tiene una capacidad de unos treinta mil litros de agua; y a unos cuantos metros una noria excavada en la ladera hasta encontrar un venero del río; perfectamente ademada en piedra y más atrás dos imponentes muros de piedra que en su tiempo sostuvieron un grueso eje y a su vez una pértiga de vaivén que a manera de bimbalete, servía para extraer el cubo del agua por medio del empuje de una persona y un sistema de contrapeso; este cubo era vaciado por otra persona en una bocatoma en donde aun se observan las manchas salinas del agua derramada; luego el líquido ingresaba en un acueducto de troncos ahuecados y desembocando en la pileta octagonal que surtía los patios de beneficio de los metales; siendo ésta la actividad más importante de la hacienda, pues se observan muchos montones de graseros del metal beneficiado.
Hacia el lado oriente de la pileta se llega a un promontorio de piedras desordenadas que originalmente pertenecieron a una pared de un juego de rebote; lo que complementaba las actividades de distracción de los mineros, es una lástima que esta pared haya sido derruida en su totalidad por los buscadores de tesoros.
Aún con toda su destrucción, en Covadonga pueden distinguirse los siguientes lugares:
Tierras de cultivo, majadas para el ganado, unas veinte viviendas, Iglesia con sus componentes como campanario, atrio, sacristía y una serie de nichos; convento con celdas, claustro y patio principal; muros defensivos, pared del rebote y el panteón, además de algunas líneas de cimentaciones en la plaza principal; la noria en cal y canto, los muros del bimbalete, los restos de acueducto; escaleras y tres arcos aún en pie, dos en el atrio y uno en la entrada principal del convento.
La hacienda de Covadonga fue fundada junto a un paraje del río Aguanaval, que por ser una curva en el cauce; permitió el aprovechamiento de una vega de unos trescientos metros de largo con abundante tierra de limo de miles de años de aluvión; en el extremo del acceso una familia de viejos sauces en el oriente; al poniente sus capacidades defensivas estaban en el respaldo de una loma desde la cual se divisa la lejana sierra de San Pedro y por los lados norte y sur contó con muros defensivos de cal y canto mismos que hoy se encuentran invadidos por las plantas del desierto cuyas raíces y crecimiento han terminado por derruirlos.
Su situación privilegiada con el frente de una suave y amplia corriente del río y la meseta de las papas, atrás el lomerío de las faldas del cerro de San Juan, a lo lejos el cerro del piloncillo y la sierrita de la india, sin embargo no fueron suficientes para contener la barbarie de la horda de indios que la invadieron y asesinaron a todos sus habitantes. Covadonga ya no fue más para nadie, ni para los hombres voluntariosos que han excavado junto a sus ruinas, ni por el sueño de todos los que yacen en una fosa común, señalada por un madero con el entresaque al que le faltan los brazos de la cruz; no ha sido honrada por nadie, ni por los nuevos hombres que quitaron las viguetas de su iglesia para construir otra en Aguanueva; ni a los que recogieron las cruces de sus nichos, ni a los que la convirtieron en un encierro de cabras, ni a los que la visitan y se dan la vuelta llevando el polvo de sus muchas veredas rumbo al río. Covadonga ya no es el sueño de las muchachas que jugaban a pescar ni de los que alegremente sacaban agua de la noria cuyas paredes son enormes nidos de ratas de campo; ni el de dos amigos y tres niños armados con una cámara fotográfica, porque todos ellos sólo nos asomamos y entendimos que la hacienda se acabó, que todos somos frágiles, que los sueños son frágiles al igual que todos los sueños de aquellos que vivieron y murieron ahí. El agua sigue todos los años corriendo el río. El espíritu de los que lucharon en Covadonga descansa para siempre en donde fue el paraje de sauces y palmas; frágiles como lo son también, la mayoría de los sueños…
SAN JUAN DE GUADALUPE DURANGO, AGOSTO DE 2009
MTRO. LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME
FUENTES: Visita de campo realizada en compañía del Sr. Mario Inés de León Castañeda, sus hijos varones y un sobrino.