En los tiempos de mayor bonanza, San Juan de Guadalupe Dgo. llegó a ser una ciudad de veinte mil habitantes, que vivía apaciblemente salvo en los días de la “quinceada”, en que los mineros bajaban de la Sierra de Ramírez y durante dos días los comercios funcionaban hasta altas horas de la noche y las cantinas de plano de amanecían. El período de la población en el que tuvieron vigencia estos destacados sanjuanenses, uno por nacimiento y otro por adopción, comprende desde los inicios del siglo XIX hasta en año de 1907, prácticamente un siglo en el que estos dos personajes tuvieron la mayor influencia en la vida social, política y económica del Real, ya que todas las decisiones de importancia pasaron por sus manos y aprobación.
Don Bernardo Saldaña, representa el abolengo de familias pudientes, descendía de gente acomodada dedicada a los negocios de minería, con recia instrucción militar y con un liderazgo característico de los caciques benévolos, lo cual le permitió ser en repetidas ocasiones el jefe de Partido de San Juan de Guadalupe Dgo. una posición política superior a la del Presidente Municipal, que conllevaba honores, poder y responsabilidades.
En contraparte, Don Felipe Rodríguez, representa la cultura del empeño y el esfuerzo; venía de gente humilde de Norias Zacatecas, desempeñando trabajos de peón, de minero pero siempre con una inteligencia de aprender rápidamente lo que él consideraba, le sería de utilidad para sus propósitos de progresar.
Nació el día 8 de Septiembre del año de 1833 y trabajó desde muy joven para sostener a su familia; en el año de 1853 a la edad de veinte años, agobiado por una deuda con la tienda de raya, decide emigrar y buscar suerte en el mineral de San Juan y llegó como barretero ayudante a la Sierra de Ramírez, pero siempre poniendo especial cuidado en todos los procedimientos mineros, aprendiendo de extracción y fundición y planeando otras actividades alternativas que muy pronto pondría en práctica al convertirse en uno de los dos pilares de la economía de San Juan.
Los caminos de Don Bernardo y Don Felipe se encuentran en la cabecera municipal; el primero ya establecido como hombre poderoso y el segundo con mucha hambre de saber y de crecer, esto sucede en el año de 1853.
En este tiempo Don Bernardo Saldaña es el dueño absoluto de una isla, pues así lo era San Juan, completamente desvinculado de la capital de Durango, ya que para ir a ésta, había que dar un largo rodeo por Lerdo y hacer un viaje de varios días, una zona de páramos y barreales que sobrevivía sólo y que se proyectó al panorama nacional con el descubrimiento de las vetas mineras de la Sierra de Ramírez.
Cuando se descubren las minas, entonces este pedazo de desierto se vuelve terreno codiciado y se lo disputan Coahuila y Nuevo León, Durango y Zacatecas, a los que Don Bernardo Saldaña se opone vigorosamente ya que para sus intereses económicos conviene que el gobierno no se meta en las actividades productivas, porque ya desde aquel entonces está probado que mientras más interviene el gobierno, más se echan a perder las cosas.
En los años de 1856 a 1858, encabeza la defensa del pueblo contra las intentonas de Santiago Vidaurri, el gobernador y cacique de Nuevo León de apoderarse del terruño, siempre con estrategia militar derrota a las tropas de Domingo Cajén en Alamillo y en otra escaramuza resiste dos días, un estado de sitio hasta que llegan las fuerzas del Coronel Sánchez Román, de Zacatecas a auxiliarlo.
En el año de 1864 al pasar Don Benito Juárez por el territorio de Coahuila, solicita un préstamo a la recaudación de rentas, a lo que Santiago Vidaurri se niega a facilitarle, y tal era ya la riqueza de Don Bernardo Saldaña que facilita este crédito, que luego recupera con creces al triunfo de la República juntamente con la amistad de Juárez y el compadrazgo de Porfirio Díaz.
En medio de estas escaramuzas militares, Don Bernardo se da cuenta del rápido crecimiento de aquel peón minero avecindado en San Juan, pero no lo considera un peligro para su estabilidad, antes bien lo apoya y lo refacciona, simpatizando con el afán del joven Felipe Rodríguez por encontrar su propia mina y convertirse en empresario.
Como la fortuna embona fácil con la terquedad, un día de 1855, don Felipe Rodríguez descubre su primera mina a la que bautiza como “La Calaverita”, se asocia con Don Bernardo y juntos se hacen de una enorme riqueza.
Una vez cobrando fuerza Don Felipe Rodríguez, comienza a explotar otras minas “Las ánimas” “La bola” “La blanca” “El ramillete” “Santa Teresa”” La Trinidad” “Las Torres”.
Ya en este punto, por 1865, los dos son grandes amigos y compadres , ambos han progresado enormidades y sin hacerse sombra se hacen de grandes propiedades como si fuera una carrera contra el tiempo para ver quien logra más, así Don Bernardo Saldaña aparte de sus buenas relaciones con el bando triunfador, al ser fusilado Maximiliano de Hasburgo y restablecida la república; construye la enorme hacienda de “El Cazador” en las orillas de Río Aguanaval, donde se benefician los metales y se industrializa la planta del guayule muy abundante en aquel entonces, con los trabajadores se funda el barrio del Hule; es el indiscutible jefe político del partido, establece otras haciendas en la cabecera municipal, patios de beneficio mineral, compra la Hacienda de la Punta de Santo Domingo, hace obras de beneficencia como la primera escuela de letras de San Juan en 1859, patrocina festejos religiosos y corridas de toros, interviene en todas las decisiones políticas del pueblo, sostiene a su coste el salario del maestro de la escuela y se prepara para una vejez de prócer regional.
Don Felipe Rodríguez, más joven no se ha quedado atrás en esta carrera y estimulado por esta rivalidad funda y construye la enorme “Hacienda de Guadalupe” en la cabecera municipal “La Hacienda del Progreso”, se hace propietario de la “Hacienda de la Granja” de 15,800 hectáreas y del Rancho “El Zacate” de 3800 hectáreas donde cultiva el trigo de la mejor calidad en el estado y lo utiliza en la molienda de su molino de trigo ”El Elefante” donde salía toda la harina para la panadería “El Marfil” de la capital de Durango que tantos años abasteció a la ciudad, también establece la primera tienda con mercancías en grande llamada “El Ferrocarril” y se da tiempo para realizar hermosas construcciones en la Avenida San Pedro y en la “Hacienda de la Casa colorada”.
Hasta aquí todo iba bien, ambos se apreciaban, se aconsejaban hasta llegar a un punto en el que aseguraron la economía de sus vidas y de su descendencia, cuando a Don Felipe también le dio por intervenir en la política, hasta entonces terreno exclusivo de las decisiones de Don Bernardo, entonces comenzó el celo y la rivalidad económica hasta entonces sana, se convirtió en rivalidad política que como es sabido nunca es sana.
Desde 1855 hasta 1890, durante 35 años solamente las decisiones de Don Bernardo fueron las cabales, pero se estaba haciendo viejo y aunque seguía siendo Jefe de Partido; ya don Felipe era el presidente Municipal y había un conflicto de Autoridad; bastaba la acción de uno para desatar el capricho del otro, Don Bernardo consideraba a Don Felipe como un malagradecido y a veces lo refería como advenedizo, pero eran tiempos de cambio.
Era costumbre que al asentarse el jefe Político le sustituyera el presidente municipal; en el año de 1895 Don Bernardo tuvo que ausentarse para atender una Invitación de Don Porfirio Díaz, pero dejó un nombramiento habilitando al Secretario del Ayuntamiento para tomar su lugar provisionalmente; tal hecho constituyó una afrenta para Don Felipe quien era el indicado para ocupar ese lugar, así que citó al cabildo para hacer este reclamo, pero los regidores no acudieron por miedo a Don Bernardo, solamente acudió el maestro de la Escuela Don Jesús Lechuga a quien le correspondió hacer el acta y un telegrama al Gobernador exponiendo la inconformidad de Don Felipe.
Enterado Don Bernardo Saldaña de tal situación, regresó a San Juan, y no pudiendo dirigir su enojo contra Don Felipe, enfocó su artillería contra el maestro, obligándolo a entregar la escuela, siendo acaso este hecho un aviso de su declive político ya que en 1896, ya no es más la autoridad del partido y se retira a su residencia a acrecentar su animadversión por su otrora amigo y ahora rival.
Al ser despojado de esta autoridad, Don Bernardo rápidamente se fue avejentando, había comenzado a entender que su tiempo mejor había pasado cuando le llegó su final un día 29 de Abril del año de 1903, su cortejo se celebró el día del niño con una marcha de niños y carruajes por las calles principales de San Juan.
Días antes se le había escuchado decir ”Políticos juntos, ni difuntos” en alusión a su ahora rival Don Felipe Rodríguez, quien ya sin la sombra de Don Bernardo en 1906 se convirtió en el Jefe Político de San Juan de Guadalupe; este placer le duró un poco más de un año ya que le muerte le llegó el día 8 de Septiembre de 1907 a la edad de 74 años.
Por alguna coincidencia o deliberadamente hoy yacen en el camposanto municipal a un metro y cincuenta centímetros de distancia uno del otro, reconciliados en la eternidad, finalmente la muerte criba todos los agravios, las rivalidades y las riquezas materiales quedan en nada; Don Felipe y Don Bernardo, los amigos, los compadres, los rivales volvieron a la tierra a la que amaron y pertenecieron, ningún Ayuntamiento les rinde honores, pocos les visitan y solamente queda la reflexión de Don Jesús Lechuga, aquel maestro que corrieron de San Juan víctima del encono de estos ilustres personajes…”sic transit gloria mundis” (“LA GLORIA MUNDANA, ES PASAJERA…”)
San Juan de Guadalupe Durango Marzo de 2009
MTRO LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME.
FUENTES: Correspondencia entre Santiago Vidaurri y Leonardo Zuloaga “Universidad Autónoma de Nuevo León”
-Así es mi municipio, Monografía Municipal , Profr. Blas Hernández Galván.
-Recuerdos de Antaño, Diario de Vida, Profr. Jesús Lechuga Sr.
-Los Mineros Mexicanos, Trinidad García.
-Crónicas de San Juan de Guadalupe Dgo. Profr. Carlos Hinojo Guevara.
- Exposición Oral, Sr. Sabino Ramírez Ochoa.