SANJUANDEGUADALUPE.com
SANJUANDEGUADALUPE.com - GMEXI.com
RELATOS DE SAN JUAN DE GUADALUPE, DURANGO
MTRO.  LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME

UN PRESIDENTE DE SAN JUAN; FUE ENCARCELADO POR SU PADRE.

Platicar del Señor Pablo Hernández, que fue presidente municipal de San Juan de Guadalupe Dgo. en al año de 1952, es hablar de una persona amante de la vida, norteño al fin, de un sanjuanense franco dotado de un irreverente sentido del humor, que fue causa de muchas anécdotas alegres, aunque también de un episodio triste, precisamente con su padre, el señor Isidoro Hernández.

Memorables son las grandes ocurrencias de Don Pablo Hernández como cabeza de una palomilla de jóvenes entre los que se distinguían Raymundo Acosta, Rodolfo Acosta y Efraín Adame y hasta el sacerdote Filemón Oliva celebraba las bromas en una inusitada convivencia entre el poder político y el poder eclesiástico.

Un episodio que fue resuelto por Don Pablo en su papel de primera autoridad, fue en lo referente a un robo de varios rollos de alambre de púas a un ganadero de San Juan; más o menos se tenía la referencia de los delincuentes; así que don Pablo ordenó a los policías que fueran por ellos.

Al rato tenían a los dos presos en su oficina y como éstos se negaban terminantemente a reconocer su delito; el Presidente le ordenó al comandante:

-Llévenselo allá por las paredes del rebote, a ver si logran sacarle alguna confesión.

Sin pérdida de tiempo, se llevaron a uno de los detenidos, dejando al otro en la oficina de Don Pablo, a quien el presidente bromeaba que si pensaba cercar un corral o una milpa de elotes para protegerla contra los rateros; a lo que el detenido indignado alegaba su inocencia poniendo por delante cruces y santos…

En eso estaban, cuando regresó el comandante con el rostro desencajado, agitado y preocupado diciendo lo siguiente:

-Ay Don Pablo, ya nos metimos en un problema muy grave, fíjese que el preso se nos ahorcó, y no hallamos como hacerle; lo quisimos asustar, colgándolo de un mezquite y se nos pasó la mano. En dos patadas se quedó tieso y ahora no sabemos como esconder este crimen, perdónenos Don Pablo…

-Hijos de toda su….¿Cómo les fue a suceder esto?... Les dije que no lo maltrataran, imagínense si se llega a enterar el Gobernador y las altas autoridades de Durango… al bote vamos a ir a dar todos… No podemos dejar ninguna huella… Entonces llévense a este otro y ahórquenlo también… Esto es algo muy delicado y no podemos dejar testigos; ni modo amigo, culpable o inocente te tocó perder.

-¡Nooo por favor Don pablo! ¡Por su madrecita santa! Señor presidente. Los rollos de alambre los tenemos escondidos en el arroyo; allí están toditos..¡Dígales que no me ahorquen!

Arrancada esta confesión dijo Don Pablo:

-Traigan al otro preso- Que efectivamente lo tenían esperando afuera y no era cierto que lo habían ahorcado y luego dictó su sentencia.

-A este par de sinvergüenzas, primero avisen en sus casas que les manden un par de pantalones limpios y ahorita que dejen de llorar, llévenlos por la calle Marfil cargando a lomo el alambre para devolvérselo a su dueño, y métanles unos varejonazos allí mero donde termina la espalda.

Como que el mismo Rey Salomón se hubiera quedado con el ojo cuadrado por la forma de conseguir e impartir justicia que tenía Don Pablo.

Otro episodio sucedió cuando Don Pablo Hernández, cansado de tantas quejas contra el popular personaje conocido como “el zarco” ordenó que lo “fusilaran”.

El zarquito no era una persona dañina, sino que cuando tomaba sotol, se metía en problemas con los vecinos, por lo que el Presidente Municipal ordenó darle un escarmiento ejemplar; así que siguiendo las indicaciones de Don Pablo; se trasladó al preso al patio trasero de la Presidencia y se le formó el cuadro de fusilamiento; se hizo todo el simulacro, ya que previamente se les quitaron los cartuchos a las carabinas sustituyéndolos por jabón; luego con toda marcialidad se dieron las órdenes de: preparen…apunten…¡Fuego!

Se escuchó el tronido de un cohete y el zarquito cayó desmayado de la impresión a lo que los gendarmes aprovecharon para llenarlo de pintura roja para hacer más dramático aquello; cuando el fusilado volvió en sí, se vio todo sangrado y volvió a perder el conocimiento, por lo que en esta segunda ocasión se aprovechó para bañarlo, rasurarlo y ponerle ropa limpia y lo llevaron en una carretilla hasta el kiosko en la plaza principal.

Por tercera vez el zarquito recobró la conciencia y se levantó maldiciendo a sus captores diciendo:

-Dios los va a castigar por la crueldad y la saña… mejor me hubieran dejado fusilado, porque bañado y limpio me va a dar una pulmonía,- Se quejaba amargamente entre las risas de Don Pablo y sus policías.

Pero la más grande y memorable de sus bromas tuvo lugar en el verano de 1952, que fue una época en que llovió mucho en San Juan, en toda la región lagunera y por el lado de Río Grande Zacatecas; el arroyo se desbordó por varios días y el río Aguanaval iba hasta el máximo de su caudal, con aguas broncas revueltas con árboles, catres, ganado, ropa y cuantos objetos se puedan imaginar. El río crecía cada día y llegó un momento en que comenzó a entrar a las primeras casa de la orilla, por lo que Don Pablo mandó avisar a todos los hogares, que sus moradores estuvieran pendientes a la señal de aviso del río desbordado. La señal sería un repique largo de las campanas de la iglesia. A las diez de la noche le avisaron al presidente que el río había bajado de su nivel y que ya no había peligro, sin embargo Don Pablo no quiso desaprovechar la oportunidad de hacer gala de su espíritu travieso y animado por su inseparable palomilla fueron a repicar las campanas dela iglesia; por lo que al instante todos los ricos comerciantes del centro y muchísimas familias cargaron con sus pertenencias más valiosas y fueron a parar al Hule; el barrio más alto y pobre de San Juan que toda esa noche se engalanó de recibir a decenas de carretas, algunas con cajas fuertes y cientos de distinguidos visitantes en una convivencia forzada de fogatas y café Colón con piquete de sotol Milpillas.

En esas se encontraba Don Pablo, festejando la broma en la presidencia, cuando se escuchó un rumor por toda la calle Centenario; no era el agua desbordada del río, era algo peor… Don Chalolo, el padre del presidente que venía hecho un energúmeno con un látigo, abriéndose paso entre los curiosos, a lo que todos los gendarmes se cuadraron a la orden:

-¡Abran las puertas de la cárcel, rápido… Es una orden del mero padre del presidente!

Como es sabido contra un padre furioso, no valen salvoconductos o fueros constitucionales, así que inmediatamente le obedecieron.

Entonces a latigazos fue conduciendo a su hijo Don Pablo hacia las celdas y lo encerró como un castigo a semejante travesura, mientras la palomilla de traviesos, los gendarmes y los curiosos desaparecieron como por arte de magia.

En el barrio del Hule toda la noche fue una fiesta, los ricos se hicieron amigos de los pobres, entre las fogatas cantaron canciones cardenches, hasta iniciaron algunos noviazgos entre los muchachos jóvenes.

Se dieron cuenta de la broma hasta el día siguiente cuando el padre Filemón Oliva en una larga homilía de la misa trató de justificar el hecho con…-A lo mejor Dios iluminó a Don Pablo para hacernos convivir a todos durante toda la noche… Los caminos del Señor son inescrutables…uno nunca sabe… Esto es una travesura producto del carácter festivo y alegre de Don Pablo y pos ultimadamente ha habido presidentes municipales que le han hecho deveras daño San Juan y hasta han salido premiados…

Entre los oyentes Don Isidoro Hernández, con su inseparable látigo, nomás movió la cabeza.


SAN JUAN DE GUADALUPE DGO. JUNIO DE 2009

MTRO LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME

FUENTES: Exposición Oral de los Sres. Roberto Hernández, María Flores Delgadillo y Sabino Ramírez Ochoa.