EL ASALTO TUMULTUARIO DE 1929
EN SAN JUAN DE GUADALUPE DURANGO.
Una de las páginas más tristes en la historia de nuestro pueblo ocurrió en el día 20 de Agosto de 1929; voy a tratar de platicárselos así como lo escuché de mi tía, la Señora María Flores Delgadillo, originaria del barrio del hule y quien actualmente vive en la ciudad de San Luis P
…Yo estaba muy chica en ese entonces, tenía la edad de cinco años y en compañía de mi tía Elvira y mis primas Esperanza y Elvira nos encontrábamos tomando atole afuera de una tiendita que está frente a la carnicería de Pancho de León, allí todas las noches se expendían tamales y mi tía nos había llevado a cenar. En un momento mi tía me tomó de la mano y nos dirigíamos a la Iglesia, dejando encargadas a las muchachas con la señora del atole cuando escuchamos los primeros disparos. Era una banda de hombres uniformados de negro que venían sembrando el pánico por la nueva calle del centenario, no refugiamos en las paredes de cal y canto cuando otros truenos se empezaron a oír por el lado del barrio de abajo y luego otros más por el rumbo de la plazuela. Tenían todo bien planeado porque varios grupos entraron por diferentes partes del pueblo y comenzaron a asaltar a los transeúntes a saquear los comercios obligando a los dueños a entregar mercancías y dinero.
Luego supe que una parte de los asaltantes se habían estado pintando la cara de negro debajo de lo que es hoy el puente de fierro y que otros más estaban desde en la mañana por el rumbo de la hacienda de Cazador esperando a que oscureciera pues el asalto comenzó como a las siete de la noche.
Cuando se repuso del susto, mi tía pensó luego en sus muchachas que había dejado encargadas , por lo que corrimos de regreso por toda la avenida Marfil en medio de la zacapela que ya se había prendido en todo el centro del pueblo y grande fue nuestra sorpresa que cuando llegamos a la tienda, ésta se encontraba cerrada y de mis primas ni sus luces. A mi tía no le importaron los disparos que se escuchaban por todas partes y me llevó con ella buscándolas por todo el mercado gritándoles por su nombre con una voz que se confundía con los lamentos de varios hombres heridos que se habían resistido al asalto.
Como a la una de la mañana nos dimos por vencidas y viendo mi tía que yo era una carga para ella, me fue a dejar a mi casa en el barrio del hule, donde mi abuela y otros familiares ya se habían reunido para rezar el rosario y viendo a mi tía en ese estado de desesperación se ofrecieron a regresar al centro del pueblo para seguir buscando a mis primas. Yo estuve rezando muy asustada pues a cada rato se escuchaban los gritos y disparos en diferentes partes de San Juan, era como un eco que se prendía en la oscuridad de sus calles en una noche muy larga.
Los asaltantes pusieron guardias en varias esquinas y cuando mi abuela y mis tías iban alumbrándose con una vela les marcaban el alto con el grito de “¡Quién vive! A los que mi abuela contestaba …¡Gente buena señor, si usted quiere pasaremos y si no , aquí nos quedaremos…¡ este verso les caía en gracia a los ladrones y viendo que eran dos mujeres indefensas las dejaban pasar, pero de nada les valió porque como a las cuatro de la mañana regresaron sin haber encontrado nada.
En la casa todo era puro llorar y en esas horas fatídicas sucedieron varias cosas que después nos enteramos.
Los asaltantes sometieron al señor Cruz Enríquez y lo obligaron a entrar a su casa para que les entregara el dinero que poseía y en un acto de valor, a la víctima se le ocurrió preguntar …¿ Y para qué quiere tanto dinero Tellito…? Dando a entender con ello que había reconocido a uno de los asaltantes, esto fue su perdición porque lo mataron a sangre fría sin darle la oportunidad de defenderse.
También el Sr. José Rodríguez, quien era el comandante de policía del pueblo, les hizo frente, resultando inútil su sacrificio, pues fue cobardemente asesinado sin poder hacer nada para evitar aquel terrible asalto.
Otros ladrones ocuparon la tesorería Municipal y luego abrieron las celdas de las cárcel, dándoles salida a los presos, otros más se dedicaron a destruir todo a su paso, incendiando las puertas de las casas, luego obligaron a Don Manuel Ramírez, que era dueño de un camión de redilas conocido como “la mansita”, a servirles de chofer, para ir llenando el camón de mercancías que en su retirada fueron tirando por el camino, como si nos les importara lo que acababan de robar.
Al amanecer todo el pueblo era destrucción y llanto, pues hubo varios muertos y heridos y el comercio saqueado además de que mis primas no aparecían.
Como a las ocho de la mañana llegó un mandadero con un papelito a nuestra pobre casa…”..No se preocupe, sus muchachas están bien, aquí en mi casa en la calle Progreso, a los primeros disparos las llevé conmigo y las alojé y no las dejé salir por miedo a los disparos..” Todos dimos gracias Dios, pues ya las dábamos por perdidas.
Cuando salimos a la calle para ir a recoger a mis primas, vimos a Don Lauro Z. Ramírez que se encontrada recogiendo un bulto de mercancía de los que habían tirado los asaltantes sobre el puente del canal baluarte, luego mi papá Don Miguel Flores que apenas había llegado de la labor del palmar, se ofreció a acompañarlo para ir a la Presidencia a regresar el bulto que había encontrado Don Lauro, mas les valía no haberlo hecho, porque al siguiente día los criminaron que ellos eran parte de los asaltantes y los apresaron y se los llevaron a Durango….
Allí sufrieron muchos martirios, salvándose los dos de que les aplicaran la “ley fuga” o la horca como se hizo con mucha gente inocente de San Juan; no los mataron porque hubo varias personas que testificaron a su favor y un amparo jurídico que interpuso el Señor Jesús Mestas Padre.
Con el tiempo se supo, a causa de un montón de cartas que se encontraron tiradas en los basureros del río; que todo este asalto fue una simulación, una trampa bien montada por las mismas autoridades para asesinar a mucha gente que traían en una lista como principales encabezadores de un reparto agrarista y de esta manera se deshicieron de ellos. Así fusilaron al señor Juan Ramírez y a unos muchachos del barrio de Mérida, a estos inocentes los colgaron en unos mezquites que están todavía junto al panteón, por órdenes de un teniente coronel que vino de Durango llamado Gonzalo Espinoza.
Así fue como pasó una de las noches más tristes de mi pueblo, San Juan de Guadalupe Durango; ojalá que el chamuco no se canse de echarle leña a los que inventaron y realizaron esta maniobra tan corriente.
MTRO. LAURO GUADALUPE RAMIREZ ADAME
Fuente:- Exposición Oral, Sra. María Flores Delgadillo, Barrio del Hule, San Juan de Guadalupe Dgo. Año 2008.